Este último, la injusticia social, mereció tal nombre porque un buen día, cuando yo era relativamente pequeña, al ver que no me servían lo que yo consideraba una ración suficiente, declaré muy pomposa: "Esto es una injusticia social". Jerga de la época: ahora habría soltado "Esto es un agravio comparativo".
La receta es simple:
Varias naranjas peladas y cortadas en rodajas.
Se espolvorean con azúcar y se quema con un quemador como este:
Se cubre todo con nata de la buena, no con flor hermosa.
(Ah, perdón... en casa, la flor hermosa es la nata de spray...)