martes, 17 de abril de 2012

Libros y libretas de recetas, I

Mi abuela tenía unas primorosas libretas de recetas (de las que hablaré algún día) bien encuadernadas, forradas con tela y con el rótulo en punto de cruz. Por supuesto, escritas con una preciosa caligrafía (que soy incapaz de entender).
Y casi todos los aficionados a la cocina que conozco tienen libros, libretas, cuadernos y carpetas con recortes de aquí y allá, llenos de grasa y churretones.
Antes de que el ordenador sustituyera mi libreta por completo, llegué a la conclusión de que lo más práctico (porque soy una persona tan práctica como los padres de Tesoro, los inefables Meagles de La pequeña Dorrit)  era esto:




 Una libreta de anillas con fundas de plástico en las que puedo poner recortes de todo tipo, incluso notas que me escribió mi madre en una agenda, y guardarlos sin que se ensucien.

 Que es mucho menos elegante que lo de mi abuela pero infinítamente más práctico.

1 comentario:

  1. Siempre he dicho que si se hiciera un caldo con mi ejemplar de 1080 recetas de cocina (2ª edición), estaría buenísimo.

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